El joven Daniel Merlín (Buenos Aires, 1985) presenta en la sala de exposiciones de la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial su exposición Pinturas a la deriva.
Tras su serie del “Bestiario”, en los que huía de los ambientes bucólicos para establecer una lúcida representación de la asfixia del aire, Merlín apuesta ahora por la pintura del color, grandes mares representados de modo salvaje, exentos de su disposición en un rito estético. Pinturas construidas con una parquedad monástica de tonos, trazos, masas y matices suficiente para transmitir al espectador fuerza, madurez y conocimiento. Temas que resultan infrecuentes en un pintor de su edad, y que, en una época en la que los nuevos lenguajes experimentales parecen estar de moda en detrimento de la pintura figurativa, Merlín, fiel a sí mismo e indócil a las modas juveniles, continúa profundizando.
Daniel Merlín emplea un lenguaje figurativo que carece de academicismo en su declarada oposición al establecimiento, en sus formas, de la nitidez y de la integridad de la composición. Sus obras parecen incompletas y se desvanecen en algunos de sus detalles, elementos que sirven al pintor para conseguir con sus trazos una carga expresiva encomiable, confesando una aprensión muy física del mundo y, al mismo tiempo, cargada de dramatismo. Y es que Daniel Merlín sabe pintar y también sabe escribir sobre el cuadro toda una gramática de formas, espacios, masas, gestos, pinceladas, texturas, líneas.
Hijo de músicos, el joven artista comenzó a pintar a los 3 años. Llegó a España a los 10, y sus obras, llenas de fuerza, ya causaban admiración por su extraordinaria calidad. Ha realizado 6 exposiciones individuales, entre Buenos Aires y Madrid, y mas de 10 colectivas en nuestro país. Tiene en su haber más de 15 premios de pintura y ha sido seleccionado en numerosos certámenes, entre ellos el concurso de Patrimonio Nacional, donde obtuvo la cuarta posición en 1999.
Son muchos los jóvenes que pintan, e incluso bien. Ser pintor, un pintor de verdad, a los 25 años, es excepcional. Muchas veces se ha dicho que en pintura está todo hecho. “Pero no está todo dicho –explica uno de sus críticos– Daniel Merlín muestra, como un elegido, que no se acaba lo muchísimo que queda por decir.











