La mini-cumbre en Estrasburgo a la que Nicolás Sarkozy y Angela Merkal han invitado al recién nombrado primer ministro italiano ha servido para reforzar el fragilizado muro de contención que protege la moneda única.
La receta para evitar la propagación de la crisis: avanzar hacia una mayor coordinación fiscal de la que habrá que rendir cuentas.










