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Kale Borrika


kaleborrika

José María González de Diego

Kale Borroka o Lucha Callejera. Con ese eufemismo ETA logró inocular en la sociedad española un terrorismo urbano bajo el antifaz de la reivindicación política mediante una indecente socialización del terror. Un ejercicio de blanqueamiento del mal que logró su propósito durante muchas décadas gracias a la complicidad, la connivencia y la equidistancia del nacionalismo vasco. Pero también con la condescendencia e indulgencia de una parte nada desdeñable de la sociedad. Este perverso escenario de propaganda filoetarra infectó nuestro lenguaje político, anestesiando de algún modo la trágica realidad. Políticos, medios de comunicación, jueces, obispos, intelectuales, deportistas, artistas… sucumbieron al relato de los verdugos aun sin compartir su lectura. Pero con todo, aquel terrorismo callejero -de baja intensidad lo acuñarían sus cooperadores necesarios- siempre tuvo enfrente una sociedad cívica valiente y una clase política digna que les condenó al ostracismo y la clandestinidad.

Pues resulta que ahora, después de haber logrado erradicar aquel paisaje de odio, dolor y sufrimiento tras haber derramado sangre, sudor y lágrimas de víctimas inocentes, contemplamos incrédulos como ciertos sectores del fundamentalismo de la extrema izquierda y ciertos mamporreros de la izquierda extrema han recogido el testigo de la radicalidad y la violencia con absoluta impunidad. Pero lo más grave de todo, es que esta nueva Kale Borrika que padecemos los ciudadanos, está siendo justificada, cuando no alentada, por sus padrinos políticos y sus mecenas mediáticos y jaleados por un rebaño de sectarios indigentes marcados en 140 caracteres. Estamos asistiendo a un brutal intento de banalización de nuestros valores. Actúan movidos por un odio atávico y llevados por una intransigencia fanática. Estos nuevos ayatolás pretenden acabar con nuestros referentes y con nuestra democracia. Pretenden reescribir nuestra historia con la sangre de los verdugos.

Hemos pasado del España Kampora a la España de la Cámpora. Empezaron desafiando a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con actitudes mafiosas y ademanes chulescos. Continuaron con algaradas callejeras entre consignas revolucionarias. Dieron cobertura a los okupas, secuestraron parlamentos, asaltaron templos, desvalijaron supermercados, escenificaron infames apologías terroristas, insultaron a víctimas y familiares de presos políticos -de verdaderos presos políticos, abrazaron y homenajearon a terroristas convictos… Quieren convertir España en un vertedero de inmundicia política.

Luego llegaron los escraches al Partido Popular. Después las dianas intimidatorias contra Ciudadanos mediante un hostigamiento feroz. Y terminarán acechando al Partido Socialista cuando despierte de su letargo. Mientras los tontos útiles sigan disculpando estas actitudes inaceptables y los pusilánimes sigan mirando hacia otro lado, estos corsarios bolivarianos seguirán amenazando nuestra democracia. ¿Qué será lo siguiente? Ya está bien. No podemos consentir este abordaje a nuestras instituciones. No podemos tolerar este ultraje a nuestra Nación. No podemos resignarnos ante el intento de deshumanización de nuestra sociedad. No podemos.

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