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No es islamofobia, sino antiyihadismo


Por su interés reseñamos el siguiente artículo de Javier Pérez Bódalo publicado en el Instituto Juan de Mariana:

atentadoislamistaEn estos días en los que -por desgracia- vamos a par de atentados yihadistas por semana, vemos el más abyecto rostro de la tibieza de una Europa moralmente enferma, que busca culpables de paja en lugar de encarar la verdad. Escuchamos que todas las ideas merecen respeto, que debemos dejar a todos expresar sus locuras y entender los diferentes puntos de vista; como si la libertad se basase en una explosiva mezcla de relativismo y libertinaje. Casi como si debiéramos aplaudir al que viene a quitarnos la vida, pues es “su opinión”. El argumento de que “son sus costumbres, y hay que respetarlas” llevaría a justificar desde las violaciones rituales -pueblos precolombinos-, al sacrificio del primogénito si es mujer -ciertas culturas asiáticas- o hasta el ascenso (democrático, por cierto) de Hitler en una Alemania fuertemente alineada con el movimiento Völkisch. Al negar que existen una serie de valores universales y naturales basados en la Libertad, y creer que todas las culturas son respetables en función de que sean fieles a sus propios preceptos, caemos de nuevo en el relativismo moral. ¿Cómo podemos decir a quien lo hace mal que eso es malo, si el mal o el bien sólo dependen de opiniones respetables? Al creer que cada situación temporal y personal crea la noción de correcto o incorrecto, caemos en la trampa del buenismomás absoluto: “eran sus circunstancias, y no podemos juzgarlas con nuestros patrones”.

Ante la barbarie encontramos maliciosas explicaciones de lo más variopintas, desde “accidentes de camión” instrumentalizados como atentado a jóvenes con problemas mentales que “no tuvieron otra salida”. A todo ello se suma un aura de sorprendente “respeto a las familias” -proclamado por quienes tratan de destruirla- y una constante petición de evitar fotografías de las masacres cometidas por mahometanos. No sería rara esta actitud si viniera de personas conservadoras y tendentes a escandalizarse con sangre y desgracias en los medios. Pero resulta insultante viniendo de quien viene. De los que quieren, a sabiendas, demonizar a las víctimas y encumbrar a los terroristas. Nada nuevo en España.

Pero todo eso no es cierto; no hay que respetarlo todo. No encarcelar ni perseguir a alguien por lo que piensa es lo realmente valioso, pero no tenemos por qué sonreír ante pensamientos criminales y ponerlos en pie de igualdad con los pacíficos. Las ideas son propias, irrenunciables y no deben ser motivo de castigo. Pero no hay que aguantar que nos bombardeen con ellas. La libertad no es sólo no agresión, sino también legítima defensa. No tenemos por qué respetar el ideario del que practica la ablación a su hija, el pensamiento del que pega a su mujer porque lo pone en el Libro, o las ideas del que quiere exterminar judíos. No tenemos por qué tolerar que con la excusa de la libertad de expresión, nos obliguen a callar ante el que quiere aplastarnos. Hay quien dice que para ser demócrata hay que ser antifascista. Por supuesto. Y también anticomunista. Pero más aún; para ser libre hay que repudiar toda idea que necesite coacción sin límites para llevarse a término. Sin medias tintas, sin tibiezas.

Seguir leyendo en el Instituto Juan de Mariana

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