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Opinión en la red: “¿Tiene algún propósito el liberalismo?”


Por su interés publicamos el siguiente artículo de José Augusto Domínguez aparecido inicialmente en el Instituto Juan de Mariana:

adamsmithEn los últimos días se ha suscitado en diversos foros liberales un interesante —y acalorado— debate en torno al feminismo. El fondo de la cuestión —resultaría un tanto complejo explicar cómo se llegó hasta ahí— es el siguiente: en relación con la mujer, al papel de la mujer en la sociedad, ¿el feminismo, el activismo feminista, es la única salida que el liberalismo ofrece? Y, en última instancia, en aras a acabar con la discriminación de la mujer, ¿la violencia, ya sea estatal o privada, estaría justificada?

Afortunadamente, al menos explícitamente, nadie ha defendido el uso de la fuerza para revertir la situación de la mujer. La primera cuestión, en cambio, ha dado mucho de sí…

El pasado sábado, Juan Ramón Rallo cerró la Conferencia Iberoamericana organizada por Students for Liberty con una vibrante charla en favor de la soberanía individual (libre asociación y desasociación a la hora de organizarse en sociedad) y en contra de todo nacionalismo (negación de los intereses y derechos colectivos). El director de esta casa enfatizó que la legitimidad para decidir sobre el plan de vida de cada uno de nosotros le corresponde exclusivamente a cada persona y a las asociaciones voluntarias de personas a las que pertenezcamos. La nación y el Estado carecen por completo de legitimidad sobre el individuo.

Cabría, tal vez, aplicar argumentos similares para desmontar la idea de mujer —o de hombre—. Si el liberalismo no se debe ocupar, por muy oprimida que algunos digan que se sienta, de ninguna nación, tampoco convendría que concibiera a la mujer en términos colectivos. Y es que la mujer no existe. Tan solo hay seres humanos con creencias e ideales de la buena vida distintos unos de otros. El liberalismo promueve la tolerancia a través de instituciones, basadas en los conceptos de voluntariedad, propiedad y no agresión, que permitan, dentro de ese entorno jurídico mínimo, la coexistencia de las preferencias vitales de cada individuo. De ese modo, el liberalismo es el marco donde caben todas las utopías.

Un conspicuo liberal, a propósito de esta discusión, y en la línea de concebir a la mujer como un colectivo, ha utilizado el ejemplo del sojuzgamiento al que están sometidos los norcoreanos por el terrible régimen comunista que los aplasta para tratar de hacer ver que la mujer —al igual que los esclavizados súbditos de Kim Jong-un— está impedida socialmente, si bien no de manera violenta, y no puede elegir libremente sobre qué hacer con su vida.

¿Todas las mujeres están impedidas socialmente por el hecho de ser mujer? ¿Hay un criterio absolutamente objetivo para determinar las discriminaciones? ¿Las mujeres no se benefician nunca socialmente por ser mujeres? ¿Todas las mujeres se ven a sí mismas como integrantes del género mujer? Considerar que, como históricamente las mujeres se han visto relegadas frente al hombre, hay que promover un activismo feminista que de alguna manera iguale las condiciones de partida, ¿no se parece demasiado a hacer causa contra las rentas de los ricos para que los pobres puedan competir equitativamente con ellos? ¿Realmente cabe hablar de discriminación cuando un individuo decide libremente qué hacer con su propiedad?

Se podrá contraponer que el verdadero liberalismo va mucho más allá de propugnar ese marco mínimo de convivencia donde quepa cualquier cosa no violenta: así, el liberal integral debería promover la tolerancia en todos los órdenes de su vida. Por ejemplo, un empresario liberal que se preciara de serlo no podría conformarse con cumplir los contratos voluntariamente firmados, sino que tendría, para no seguir contribuyendo a la relegación social que padece el sexo femenino, que contratar a un número, cuanto menos, similar de mujeres que de hombres.

¿Esto no resulta un tanto peligroso? ¿Hay una definición de tolerancia, al margen de ese mínimo de respetar al otro no violento, que no genere controversia? ¿Y si al Instituto Juan de Mariana le piden que sea tolerante con todas las ideologías y, para no discriminar a nadie, acoja los sábados conferencias impartidas por comunistas, nazis, fascistas, islamistas, homófobos, etc.?

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