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20-N Día Universal del Niño por José V. La-Cave Rupérez


vicente-la-cave-1El 20 de noviembre, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional del Niño, en conmemoración de la aprobación en 1959 de la Declaración de los Derechos del Niños y en 1989 la Convención sobre los Derechos del Niño.

El objetivo del Día Universal del Niño es recordar que los niños son el colectivo más vulnerable y que más sufre las crisis y los problemas del mundo.

En este día mundial, asimismo, se tiene presente que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo en el que haya nacido y sirve para hacer un llamamiento mundial sobre las necesidades de los más pequeños.

Su aplicación es de obligado cumplimiento para los gobiernos, a la vez que también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud e investigadores

Pero como suele suceder con todas estas convenciones internacionales, aun suscritas y refrendadas por los diferentes estados, no pasan de ser mero papel mojado y como mucho, una bonita declaración de buenas intenciones. No es necesario recurrir a lejanos países del tercer mundo, para observar su escasa aplicación práctica y cumplimiento, si no que basta con mirarnos al ombligo y ver lo que sucede en España.

Pues bien en nuestra querida España, considerada por muchos un estado liberal, lo cierto es que mientras el principio 7 atribuye el interés superior del menor, en primer término a los padres, éste interés superior del menor es sustraído de la esfera de la potestad paterna, como competencia, para atribuírsela a los fiscales y jueces en los procedimientos de divorcio, como si de una dictadura comunista de corte soviético se tratara, donde los menores eran tutelados por el omnipotente estado. Y con la particularidad que dicho interés superior del menor es invocando ( y pervertido) por los jueces y fiscales para privarles de sus padres, dejándolos en la más extrema orfandad, sin la imprescindible referencia de la figura paterna para su equilibrado desarrollo y crecimiento.

Además, otro hecho relevante que atenta contra la igualdad de los menores en función del territorio donde viven: las oportunidades de los niños de crecer y desarrollar su personalidad de forma plena y armónica, en España no son garantizadas; y resulta que no tienen los mismos derechos los niños aragoneses, catalanes, vascos y valencianos, que los del resto de España. Si bien en esas Comunidades Autónomas existe ley de custodia compartida, y en el resto de España, no. Pero lo que es más grave si cabe, es que en Andalucía, Extremadura o Madrid, los jueces y fiscales, a diario, sin apoyo en norma legal alguna y desoyendo la reiterada Jurisprudencia del TS al respecto, consideran que el interés del menor se defiende con la custodia exclusiva de la madre, dado la falta de capacidad de los padres madrileños, extremeños y andaluces (entre otros) para cuidar a sus hijos, darles afecto y los cuidados diarios necesarios. Mientras que en Valencia, Cataluña, Aragón y País Vasco, por el contrario, los padres si están plenamente capacitados para hacerse cargo de la prole y por tanto, disfrutar del derecho a la custodia compartida y del derecho a crecer con la referencia de la figura paterna, tan necesaria para el desarrollo emocional de los menores, como la materna.

Esta diferencia de capacidades de los padres en función del territorio donde se encuentran, que por cierto únicamente es apreciado exclusivamente por la agudeza de los jueces y fiscales de los Juzgados de Familia y algunas Audiencias Provinciales, priva a los hijos de desarrollar su personalidad de forma armónica y condena a la sociedad futura a tener entre sus individuos, personas insanas, si no traumatizadas y desequilibradas.

Unos niños que son privados de sus papás por imposición de la Justicia, instituciones básicas en todo Estado; unos niños a los que se les enseña la igual distribución de tareas en el hogar y cuidados de los menores, la igualdad de capacidades entre hombres y mujeres, y a los que, al mismo tiempo, y con la práctica, se impone que la cuidadora principal y exclusiva de los hijos es la madre, y que el padre sólo debe ocuparse de aportar recursos económicos, solo contribuyen a la confusión y lo que es peor, la incertidumbre jurídica. Pues bien, unos niños que crecen en esta dualidad y contradicción permanente de mensajes que se les envía desde el propio Estado, sólo pueden hacerlo en la desconfianza y la desafección a un Estado y a sus instituciones, creando el caldo de cultivo ideal para el populismo.

Y que decir de los millones de padres afectados por esta sinrazón desigualitaria, que condena a la mujer a ocuparse de los hijos, a trabajos mal pagados o a tiempo parcial, a no poder desarrollar una carrera profesional en igualdad de condiciones con los hombres, y que en definitiva les condena a una dependencia económica; al tiempo que a los varones les impide no poder educar, criar, dar el cariño y afecto que a diario sus hijos necesitan.

Pero si este disparate, dislate sino locura, es de imposible comprensión, más lo es cuando aún con el régimen de custodia exclusiva de la madre, si se permite a los padres, ejercer a tiempo parcial, y sí se les considera capacitados a ratos, para cuidar a sus hijos en exclusiva, más de 48 días durante fines de semana alternos, casi 7 días durante Navidad (como si fuera un regalo de Reyes), casi 5 días durante la Semana Santa, y más de 35 días en verano. Por que imagino que la falta de capacidad de los padres madrileños, extremeños, murcianos o andaluces, que aducen los jueces y fiscales, no es tal durante esos 95 días al años. Por que el interés del menor, según entender de fiscales y jueces de aquellos lugares donde no existe Ley de Custodia Compartida, también impediría que estuvieran los padres a cargo de los hijos durante esos 95 al año, más que nada por su bienestar y su interés superior.

Si para muchos abogados, nos es absolutamente imposible explicar esta situación a clientes adultos, mucho más difícil es que lo puedan entender los niños, que desde su inocencia y transparencia, nunca entienden por qué en julio o agosto pueden estar un mes entero con sus papás, y no en junio o septiembre, o el resto del año. Por qué sí su padres están capacitados para cuidar de ellos los viernes, sábados y domingos cada quince días, no están los lunes, martes, miércoles y jueves, salvo que sea festivo, claro está (por que si es festivo, también están capacitados para hacerse cargo de ellos). Y todo ello cuando, miles de padres piden desesperadamente la custodia compartida y están dispuestos a conciliar sus vidas profesionales con sus responsabilidades paternas.

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