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Izquierda e igualdad por José V. La-Cave Rupérez


vicente-la-cave-1La izquierda española, desde la moderada socialdemocracia a la radicalidad de la ultra izquierda importada de lejanos y exóticos países, comparten, para desgracia de la sociedad, la demagogia, el desprecio a la paz social, su incoherencia, fundamentalismo, anticatolicismo, el método de transformación social, y el ataque permanente y sistematico contra la institución familiar, a la que siguen considerando responsable junto con la Iglesia, del inmovilismo de los ciudadanos.

Muchos son los aspectos que merecerían el rechazo de la ciudadanía de sus postulados, si no fuera por el arte y maestría en vender su ideología y presentarla como la única valida, democrática y políticamente correcta. Al tiempo que presentan cualquier crítica contra sus postulados, como despreciables, antisociales, antidemocráticos, y hablando coloquialmente, fachas.

Resulta sorprendente, que después de haber sustituido durante décadas la palabra nación por país del diccionario de los políticos, cargando contra quien se atrevía a utilizarla de retrógrados, ahora el líder radical de la izquierda bolivariana en España, también ha importado el uso de esa término, toda vez que sus referentes venezolanos se envuelven en la bandera de su país, y hacen del chándal con los colores patrios, uniforme para las apariciones públicas. Pero al mismo tiempo que hablan de nación (ellos si pueden hacerlo) desprecian la bandera española, a diferencia de sus musas políticas en otros continentes, rompiendo el consenso constitucional del 78, donde incluso el PCE admitió los colores de la actual bandera.

La sociedad española ha evolucionado mucho desde el siglo XVIII y XIX, así como la derecha, la ideología conservadora, la Iglesia, e incluso las instituciones políticas. Pero no, la izquierda, que desde Marx, permanecen fieles a sus planteamientos inmutables. Precisamente ellos que invocan la revolución, la transformación social y el cambio, permanecen inamovibles en su ideología, eso sí con contradicciones que ni el papel aguanta, salvo la cuartilla convertida en panfleto.

En la base del común pensamiento de la izquierda, de toda la izquierda, está la lucha, y por tanto el atentado continuo y pertinaz contra la paz social. A la vez que continúan con su lucha de clases, enfrentando a españoles ricos con menos favorecidos, en los últimos años han añadido una nueva división social, y es la lucha de género o sexos. Esto último, sin embargo entra en clara contradicción con la Igualdad, recogida en la Constitución española, y concepto que siempre ha pretendido monopolizar tanto el marxismo como la socialdemocracia. Sólo desde el radicalismo más recalcitrante se puede enfrentar a toda la sociedad, mujeres con esposos, mujeres con padres, hermanos e incluso hijos, si son varones.

España ha evolucionado en estos dos últimos siglos, sin que los fundamentalistas se percaten de ello. De una sociedad patriarcal, cerrada, rural y decimonónica, hoy tenemos una sociedad moderna, europea, abierta y más igualitaria, con menos diferencias sociales, mayor estado de bienestar, y también menores diferencias entre los roles desempeñados entre hombres y mujeres.

Por supuesto que no se puede caer en la complacencia, y que la evolución y avance social deben ser, y lo son, parte consustancial del ADN de todos los ciudadanos, que cada día se levantan para progresar, individual, familiar y socialmente.

La propia institución familiar, también ha evolucionado de manera profunda. La integración de la mujer en el mundo laboral, el igualitario reparto de las cargas familiares, trabajo en el hogar y cuidado de los hijos, nada tiene que ver hoy con la situación de hace 30 años. Unas mujeres con amplias y consolidadas competencias profesionales para desarrollar cualquier trabajo en, al menos, las mismas condiciones de eficacia y profesionalidad que los hombres, y unos varones que se responsabilizan del cuidado de los hijos y de las tareas domésticas en iguales condiciones que tradicionalmente y de forma exclusiva hacían las mujeres. Han quedado superados los ancestrales, decimonónicos y desfasados roles de hombres y mujeres. Queda todavía que seguir avanzando para reducir la brecha salarial entre ambos sexos, pero mucho se ha conseguido en este aspecto, donde España ha superado a países con una mayor tradición en la incorporación de mujeres en el mundo laboral.

La familia, supone para la izquierda un objetivo a destruir. En el debate político, los prejuicios de la izquierda identifican familia numerosa con la derecha. La natalidad con ignorancia y desconocimiento de los medios anticonceptivos. El simplismo de los planteamientos mal llamados progresistas, históricamente le han reportado réditos políticos, y pretenden seguir cosechándolos sin importar las consecuencias que una bajísima natalidad tienen en el mantenimiento del estado de bienestar.

La familia no sólo ha avanzado en cuanto a los roles de sus integrantes, si no en cuanto a su organización. El divorcio, lejos de suponer la disolución de la institución familiar, supone sólo la ruptura del vínculo matrimonial. Pero los lazos familiares, entre padres e hijos, y estos y el resto de familia extensa, permanecen y debe garantizarse desde el Estado, que permanezcan.

Si hoy en día, la igualdad entre mujeres y hombres quiebra, es sólo cuando desde la Administración de Justicia se sigue imponiendo, de forma totalmente injustificada e inmotivada, la custodia de los hijos a la mujer tras el divorcio, y la dependencia económica respecto del varón. Precisamente son los Jueces de Familia los que no se han percatado del enorme cambio social, no acatan la jurisprudencia del TS que establece la custodia compartida como el sistema preferente y más beneficioso para los menores, y me permito añadir, también para los padres y para el conjunto de la sociedad. Y digo que lo es para los padres, por que la madre podrá competir en el mercado laboral con plena igualdad al padre divorciado, puesto que con el sistema de custodia compartida, ambos padres tienen que responsabilizarse de los hijos en plena igualdad, y ello hace que el impedimento para desarrollar un trabajo y cumplir un horario, ya no es exclusivo de la mujer.

De forma completamente incompresible la izquierda, cuyo concepto Igualdad pretende monopolizar, coincide con los jueces inmovilistas en que la mujer debe seguir ostentando en solitario la custodia de los menores, responsabilizándose en exclusiva de su crianza (sólo tras el divorcio) y condenándola a trabajos precarios y a tiempo parcial. Y que esta enseñanza: la madre como cuidadora exclusiva de los hijos, sea aprendido por las nuevas generaciones, impidiendo el avance futuro de la sociedad en la igualdad.

Por todo ello, la custodia compartida, supone defender la perpetuación de los lazos familiares tras el divorcio, y debe ser bandera de todos quienes defendemos a la institución familiar y la igualdad entre sexos, enseñando estos valores transcendentales, con el ejemplo a nuestros hijos, y que los hagan suyos en una sociedad que declara estos valores formalmente, pero que permite que desde los poderes del Estado se realice y enseñe, lo contrario.

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