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Maternidad subrogada por José V. La-Cave Rupérez (@JosLaCaveRuprez)


Cuando opinamos sobre cualquier cuestión, es muy difícil desvestirse de ideología, creencias religiosas, o incluso hacerlo al margen de los diferentes roles que desempeñamos a lo largo del día: padre, abogado, etc. Y lo cierto es que ni siquiera hay que ser objetivos e imparciales, cuando lo que hacemos es dar una opinión personal, y no se nos obliga por ley, como puede ser en otros ámbitos de la vida, a ser imparciales u objetivos.

Partiendo de lo anterior, me confieso católico (sirva de prevención para quien no procese esta religión) y liberal, ahora que ambos conceptos no son incompatibles, aunque en el pasado podía malentenderse que lo fueran, con la condena del liberalismo por parte de la Iglesia, en el s. XX.

Pues bien, la maternidad subrogada, también llamada coloquialmente vientres de alquiler, desde el punto de vista moral, no supone ningún cambio sustancial con la legislación española vigente en materia de inseminación artificial. Presenta los mismos inconvenientes de ésta. Y que no son otros que durante el proceso de inseminación, y con el objetivo de abaratar costes y garantizar el éxito del embarazo, se fecundan varios óvulos a la vez, introduciendo alrededor de uno o dos. Esto da lugar, no en pocas ocasiones a embarazos múltiples, pero además y allí es donde reside el punto débil; quedan varios cigotos en estado de espera, unos congelados y otros destruidos.

Y ello se produce desde la aprobación de la ley de Reproducción asistida, y ningún gobierno ha tomado cartas en el asunto, para asegurar los derechos del cigoto humano, que es vida humana, en primer estado, pero vida humana.

Deberían ser los propios pacientes, sobre todo los que sean católicos, y quienes defienden del derecho a la vida, los que exijan que esta situación no se produzca y que se fecunden exclusivamente los óvulos que se vayan a implantar. Y de no resultar exitoso el proceso, repetir el proceso de fecundación.

Estamos ante el utilitarismo más salvaje, que supone someter un derecho básico como el de la vida, vida humana para sorpresa de algunos, al mercantilismo de un proceso o los costes del servicio. Utilitarismo extremo, puesto que los valores en juego, no son ni siquiera comparables. Es el mismo utilitarismo nazi, que contra todo pronóstico se ha instalado en muchos países occidentales, como Holanda con su ley de eutanasia o en España al considerar el Síndrome de Dow una malformación que es posible abortar. En definitiva, la vieja idea del Dr. Josef Mengele y sus acólitos defendiendo la eliminación de los “inútiles socialmente” en su propia terminología. Ideas compartidas también por la Rusia estalinista, tal vez por el acuerdo de esta con Hitler.

Ahora con el auge en otros países de la gestación subrogada, y con el pobre argumento de que españoles tienen que ir fuera para realizar estos tratamientos, el mismo que se utilizó en su día a favor del aborto y de su práctica en Londres, se abre el debate en España.

La maternidad subrogada, no sólo permite ser padres a matrimonios heterosexuales y homosexuales, que tienen que tener los mismos derechos, si no que permite la maternidad y paternidad en solitario. No mencionaré los nombres y apellidos de famosos progres que se han venido de EE.UU. con mellizos, para ser padres sin mujer y evitando la aplicación de la injusta legislación en materia de divorcio, que priva al hombre de criar a sus hijos. Sorprende doblemente la cuestión cuando es precisamente esa izquierda la que postula su radical oposición a la custodia compartida, pero cuyos activos militantes, divos y ricos, eluden lo que predican: la custodia en exclusiva de la mujer, y que sea esta, una vez divorciada quien cargue con los cuidados en exclusiva de la prole, comprometiendo y sacrificando sus trabajo profesional, salario, desarrollo y progreso de una carrera profesional, y condenando a la mujer a ese papel, del que un día quiso liberarla el feminismo.

El asunto de la maternidad subrogada, no supone hoy en España un problema para la mayoría de los españoles, no por ello significa que no pueda o deba regularse. Por el contrario, el divorcio y su regulación afecta a gran parte de la población, cada día a más ciudadanos, y sobre todo a miles de menores, y por ello la urgencia en su regulación, en afrontar un cambio legislativo basado en el principio constitucional de igualdad, en los derechos internacionales de los niños y en la custodia compartida. Y se da la circunstancia, que en materia de custodia compartida existe un amplio consenso ciudadano, que no de los partidos políticos. La inmensa mayoría de los españoles, de todas las ideologías, son favorables a la custodia compartida, y quien es opone son las estructuras de los partidos de izquierdas, incluso contra sus propios votantes.

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